La vuelta al cole, ¿estamos preparad@s?

Las Flores de Bach, el aliado perfecto para tu salud y evolución
Las Flores de Bach, el aliado perfecto para tu salud y evolución
julio 9, 2019

Son muchos los padres y las madres a los que estos últimos días de vacaciones se les están haciendo demasiado largos. Se encuentran deseosos de que sus hijos e hijas comiencen ya al cole, para así disponer de más tiempo para dedicarse a uno mismo. Nos cuentan y se dicen a entre sí que en la escuela es donde mejor están los niños, que se lo pasan en grande, que están muy bien atendidos, etc. Éstos se encontrarán ultimando libros, eligiendo extraescolares y organizando el nuevo día a día con entusiasmo.

Sin embargo, otros temerán el nuevo comienzo del curso escolar, ya sea por la pronta edad de su pequeño para ser escolarizado, porque realmente les duele tal separación, porque han vivido con anterioridad una escolarización complicada con algún otro hijo, porque no vibran en la misma sintonía que el actual sistema de educación o porque se encuentran preocupados por las posibles experiencias no tan gratas que pueda vivir su pequeño en la escuela.

Hay que decir que la escolarización actual tan temprana (ya no se ven niños de 2 añitos en la calle!!!) responde a nuestra necesidad de delegar el cuidado de nuestros pequeños en terceras personas, ya sea porque ambos padres trabajan, porque necesitamos más tiempo para dedicarnos a nosotros mismos o creemos que es lo que les toca.

Aunque lo ideal sería que dicha escolarización se diese para dar respuesta a la necesidad de socialización y juego con iguales por parte del pequeño, es decir, cuando el pequeño ya entrado en la fase genital (a partir de los 3 o 4 añitos) empieza a buscar fuera del entorno familiar la experimentación de nuevas vivencias, realmente son pocos los casos en los que se da esta realidad.

¿Qué tenemos que tener en cuenta tanto madres y padres como educadores para que la escolarización sea lo menos traumática posible?

  1. La edad del/la pequeñ@.

    No es lo mismo la escolarización de un niño de 3, 4 ó 5 años, que de uno de 1 ó 2 añitos. Los niños menores de 3 ó 4 años no están preparados madurativamente para separarse de la madre y estar en un entorno desconocido con sus iguales compartiendo todo el material de juego y la atención de una persona adulta para 10, 15 o más niños.

    Esto quiere decir que si vamos a escolarizar a un pequeño que no llegue a esta edad (3 ó 4 años), tenemos que tener presente que la respuesta a la separación (en caso de que haya un apego seguro) va a ser de llanto, de agarrarse a los pantalones de la madre o quejarse del modo que le sea posible para que la madre o el cuidador principal no lo deje y se marche.

    Este dato, el saber que nuestro pequeño de menos de 3 ó 4 años no está preparado para la escolarización, nos debería de ayudar a sensibilizarnos con la vivencia infantil, a ponernos en su lugar, a ser conscientes de lo que pueda estar viviendo y no quitarle importancia al llanto del pequeño.

    Todavía hoy en día son comunes las ocasiones en las que se oyen frases como “tú tranquila, no le pasa nada, en cuanto te vas se calla y empieza a jugar” o “puro teatro, te está tomando el pelo” o de esta otra índole “creemos que deberías revisar esta gran dificultad que tienes en separarte de tu hijo, ya que el niño no tiene ningún problema…” etc.

  1. La sensibilidad del/a educador/a.

    La sensibilidad o la ausencia de la misma por parte del educador es sin lugar a dudas la cuestión más importante cuando tratamos con seres tan vulnerables como son los niños. Un educador sensible captará de inmediato la vivencia infantil y lo acompañará en su sentir emocional. Éste advertirá si el niño se siente seguro o no, si siente miedo, si precisa que lo acune o lo acaricie, si necesita que lo sienta en su regazo, si la adaptación no ha sido suficiente, si tiene miedo a algún compañero en particular, no le quitará valor al sentir infantil y el pequeño se sentirá en la medida de lo posible acompañado emocionalmente por el adulto.

    Aunque la formación de los profesionales de la educación es muy importante y ya hoy en día se está haciendo una gran labor en este sentido en muchos centros, por desgracia esta cuestión está más destinada al azar. Puedes tener suerte y que a tu hijo le toque un educador sensibilizado con las necesidades emocionales infantiles o que no sea así, que le toque uno con el que no se sienta seguro.

    Aún así, si tu única opción es la escolarización, te recomiendo intentar confiar en el educador de tu hijo siempre. Aunque no te haya dado una buena primera impresión, él necesita que tú confíes en él, así él también podrá confiar en tí. Esto es esencial para una buena coordinación entre los adultos importantes en la vida de tu pequeño.

    Lo mejor en estos casos es hablar con claridad y mucho respeto y delicadeza de las necesidades de tu hijo, lo que éste necesita de él para sentirse seguro e ir a gusto al cole, a la vez que dejas claro tu total disponibilidad como madre o padre a replantearte las cuestiones que él vea relevantes.

Dentro de cada uno de nosotros hay una persona amorosa, amable y con buenas intenciones. Según la forma en la que nos dirijamos a una persona, podemos ayudar o no a que esta faceta aflore. Trata de que tus interacciones con el educador de tu hijo sean siempre desde aquello que tú reclamas en él, como pueden ser el respeto, la empatía y la disponibilidad para facilitar las cosas al otro.

  1. La seguridad es la base.

    El niño escolarizado se tiene que sentir seguro en el aula. Para ello tiene que establecer un vínculo seguro con el educador y esto lleva tiempo y dedicación, lo que hoy en día se conoce como “PROCESO DE ADAPTACIÓN.”

    El sentido del proceso de adaptación/integración es nada más y nada menos que el niño se sienta seguro y con confianza en la escuela y que éste integre la escuela con alegría y como parte de su día a día. Para conseguirlo es vital que el primer contacto sea de placer, de juego y de expansión y que sea experimentado como algo natural. Soy partidaria de que durante el proceso de adaptación, el tiempo que sea necesario la madre o el cuidador principal pueda moverse libremente dentro del aula y acompañar al pequeño en su exploración del entorno. Si el niño se va sintiendo seguro, poco a poco empezará a explorar él solito y a desenvolverse con cada vez más soltura dentro del aula. Es importante que antes de retirarse por completo la madre del aula o el entorno escolar el niño sienta que cuenta con el educador para cualquier petición o búsqueda de consuelo dentro del aula y que sienta que éste lo tiene en cuenta. En definitiva, el niño se tiene que sentir seguro en el aula sin la madre o el cuidador principal que lo ha acompañado durante el período de adaptación.

    En el proceso de adaptación/integración a veces hay que tener mucha paciencia, ya que cada niño va a su ritmo. Sin embargo, en aquellos casos en los que dicha adaptación se prolongue más allá de los tres o cuatro meses sin avances visibles, probablemente el niño no se encuentre con la madurez suficiente como para afrontar la separación. No hay que vivir estos casos como ningún tipo de fracaso personal, simplemente no es el momento. Se trata de intentarlo de nuevo el curso que viene.

  2. La ratio de niñ@s por educador.

    En las escuelas convencionales públicas o concertadas, donde en cada espacio o aula hay un adulto responsable para atender a aproximadamente 15 niños de 2 añitos o 20 niños de 3 añitos, que todavía no saben compartir, no saben pedir, no tienen ninguna habilidad social, algunos no saben ni expresarse verbalmente, otros muerden cuando no consiguen lo que quieren en ese momento, ¿realmente creemos que un niño de 1, 2 o 3 añitos, que haya sido tratado con respeto y amor se puede sentir seguro en un entorno como este sin que le acompañe su madre o cuidador principal?

    La realidad es que cualquier educador por bueno que sea no puede hacer milagros. Si a nosotros en nuestro hogar nos cuesta atender y satisfacer a nuestros hijos pequeños, sean 1, 2 ó 3 hijos en algún caso, ¿por qué nos creemos que el educador de nuestros pequeños en la escuela sí lo puede hacer?

    De 0 a 3 años los niños necesitan muchísima atención e interacción personalizada con la madre o el cuidador principal, ya que durante éste período se da el mayor desarrollo cerebral de toda nuestra vida humana. Es por ello que deberíamos de intentar evitar la escolarización hasta por lo menos los 3 años de edad del pequeño. Además, aunque pueda parecer irreal, todavía no tienen interiorizada completamente a la madre, por lo que la angustia durante la separación es muy grande.

    Es diferente en el caso de las escuelas alternativas que están más enfocadas a satisfacer las necesidades de los niños y que disponen de un adulto acompañante para 3 ó 4 niños de 2 añitos o de 5 ó 7 niños de 3 añitos. La adaptación al nuevo entorno en estos casos es más fácil y menos traumática. Se puede experimentar una escolarización menos rígida y más familiar, donde el niño experimente el nuevo espacio como una extensión de su entramado familiar, siempre y cuando el educador tenga la suficiente sensibilidad para atender y acompañar a estos pequeños de la forma que lo necesiten, haciendo que estos se sientan seguros a su lado.

  3. Una comunicación fluida con el educador y el centro es fundamental.

    En cada nueva escolarización o cada nuevo curso escolar, es crucial que haya una comunicación sincera y fluida entre la familia y el centro, tanto durante el período de adaptación/integración como durante el curso entero. En definitiva, tanto familia como escuela estamos en el mismo barco y queremos lo mejor para nuestros pequeños.

 

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