Hermanos “etiquetados”, ¡si tu eres futbolista yo seré bailarín!

AUTOESTIMA
Cómo fomentar la autoestima en tus hijos
marzo 21, 2019

Todos nuestros hijos tienen la necesidad de sentirse únicos y especiales. Si para conseguirlo, tienen que renunciar a parte de su potencial y desempeñar un papel determinado, lo harán. De esta forma, se sentirán diferentes a sus hermanos.

Cuanto más amor y aceptación incondicional les demos más libres se sentirán para experimentar, actuar y responder de forma espontánea en diferentes situaciones. Si ven que nosotros sus padres no nos asustamos, ni nos enfadamos, ni nos alarmamos ante diferentes cuestiones, y los aceptamos por lo que son y no por lo que hacen o por cómo actúan, más abiertos se sentirán a ser ellos mismos siempre.

El encasillamiento que hacemos los padres puede ser en POSITIVO o en NEGATIVO. Aquí van algunos ejemplos de las etiquetas positivas:

  • Mi hijo es un ángel, no le haría daño ni a una mosca…

  • Mi hija la mayor es súper responsable en todo. La verdad es que tenemos mucha suerte con ella…

  • Éste es mi hijo pequeño, el más listo de todos…

Pero no siempre se trata de realzar las cualidades de nuestros hijos. Algunos ejemplos del encasillamiento negativo:

  • Mi hijo el segundo, es que es más malo… ¡Yo creo que nació así!…

  • La mayor jugando al fútbol es como un pez fuera del agua…

  • El pequeño es muy malo en los deportes. Lo suyo son las manualidades…

Como podéis ver las etiquetas que ponemos a nuestros hijos varían mucho. Algunas veces parece que los convertimos en lo peor y otras, que les ayudamos a ser mejores personas. Pero nada más lejos de la realidad. El papel que asignemos a cada hijo le afecta personalmente e incluso afecta a la relación entre los hermanos. Aunque los padres a menudo tenemos el impulso de encajar a nuestros hijos en diferentes papeles, algunos mejores que otros, éstos siempre les limitan. ¿Pero por qué esta necesidad? Hay varias razones:

  1. La necesidad errónea de animar el ego de uno hijo.

  2. La necesidad errónea de reforzar el propio ego. Una madre puede haber vivido serios problemas durante la infancia como consecuencia de su gran timidez, y ahora alardear de las habilidades sociales que posee su hija.

  3. También puede pasar que un padre proyecte sus propias debilidades en su hijo.

  4. La mayoría disfrutamos de la idea de tener a nuestro hijo perfectamente calado. Nos da la sensación de tener la situación bajo control.

  5. El querer que cada uno de nuestros hijos se sienta especial, como una forma de darles una identidad separada: “Tú eres buena en matemáticas, en cambio tu hermano es bueno en los deportes”

Pero hay veces en que son los propios niños los que se catalogan. Esto sucede a menudo cuando no se les permite pueden ser ellos mismos, cuando sus emociones o sus formas de sentir, hacer o actuar no son aprobadas por los padres. Entonces algunos niños cogen el papel de “niño bueno” porque saben que así sus padres estarán encantados con él, recibiendo de esta forma amor y aprobación. Otros hacen de “niño malo”, como modo de llamar la atención, aunque sea la negativa. También hay quien cumple el papel de “niño necesitado”, de esta forma todos en casa le ayudan y están a su alrededor. Todos los papeles tienen sus ventajas y recompensas. Y aunque hay que analizar cada situación en concreto, cuando se trata de dos hermanos, muy raramente cumplen los dos el mismo papel, por lo general cogen papeles antagónicos.

En cuanto los papeles se reparten, cada uno cumple lo que se espera de su personaje a la perfección. Incluso ya de adultos se mantienen los diferentes roles dentro de cada familia, con la limitación personal que esto supone. El que ha sido “el responsable” sigue siéndolo y es quien se encarga de organizarlo todo… el despistado sigue viviendo a su aire, como si no se enterase de nada… Si no llegamos a ser conscientes y cambiarlo, así será para toda la vida.

Pero, ¿quien quiere esto para sus hijos? Necesitamos prepararlos para el mundo exterior, un mundo realmente cambiante donde la flexibilidad de carácter puede resultar ser la base del éxito personal. Y acompañarles de forma adecuada es nuestra labor. No se trata de negar la realidad, las habilidades y limitaciones naturales están ahí, se trata de ver y sentir esa realidad con ojos diferentes. Una misma realidad según desde donde la miremos, limita o fortalece. Estas son algunas pautas que te ayudarán a favorecer la libertad en tus hijos:

  1. No hables ni pienses acerca de ellos de forma sentenciadora, como si las cosas no fuesen a cambiar nunca. Me explico:

    • Si a tu hijo le está yendo mal en las matemáticas, en vez de decirle “es que tú eres de letras…” puedes decirle “en este momento estás un poco atascado con los números, verdad?”

    • Si a tu hijo le está costando mucho aprender a andar en los patines, en vez de decirle “lo que son las manualidades te van genial, pero en esto de los deportes es que eres un poco desastre…” podemos decirle que te está costando un poquito aprender a andar en los patines, verdad?

    ¿Entiendes la diferencia? No tiene nada que ver un comentario con el otro… Se trata de describir una realidad dada en vez de sentenciar a nuestro hijo con la idea de que siempre va a ser así.

  2. Nunca hables delante de ellos sobre ellos o sus cosas. Esto lo hacemos a menudo y habitualmente encajándolos en algún papel, ¡¡¡como si nuestros hijos no tuviesen la capacidad de escucharnos y entender lo que decimos!!! Y les sienta fatal. Es una falta de respeto tremenda. ¿Acaso lo harías con un amigo? ¿Hablar de él a otra persona y además delante de él?
  3. Aprovecha cada ocasión para recordarle que puede ser diferente y actuar de forma distinta a cómo lo hace habitualmente. Por ejemplo:
    • El hijo mayor de Claudia nunca quiere ir a la escuela, dice que se aburre y que eso no es para él. Sin embargo el otro día vino contentísimo porque habían hablado sobre los gorilas, tema que le encanta. Como padres podemos servirnos de esta situación para comentarle que en esta ocasión seguramente sí que ha disfrutado en la escuela.
  4. Lo importante es lo que cada uno de nuestros hijos siente con respecto a aquello que hace. Tenlo presente y comunícaselo. ¿Se lo pasa bien cuando intenta patinar? ¿Aunque le está costando es algo que quiere aprender porque siente que tiene que ser genial? Pues no importa la lentitud o la rapidez con la que se aprende algo, si le está costando más que a su hermano. Si lo sentenciamos como mal patinador, un desastre en los patines o de patoso, lo dejará y dejará de intentar realizar todas las actividades que se le parezcan dedicándose a algo que se le de mejor. Así, su hermano quedará como el hábil en este tipo de actividades encasillándose también a sí mismo. Si por el contrario, indagamos sobre las razones de sus ganas de aprender y lo acompañamos desde ahí, el foco cambia totalmente y el modo de acompañarlo también.

  5. Cuando uno de nuestros hijos destaca en un área especial tenemos que cuidar de no excluir a los demás hijos de esta área, ni favorecer que ellos mismos se autoexcluyan. Si por ejemplo uno de tus hijos es especialmente bueno jugando al futbol, ten especial cuidado en los comentarios acerca del futbol y las habilidades de cada uno de tus hijos en este deporte. Aunque tus otros hijos no sean igual de habilidosos en este deporte, puede que disfruten mucho practicándolo. El placer que se siente es lo que cuenta y como padres lo tenemos que dejar claro.

  6. Intenta no comparar a tus hijos nunca. ¡Se que es algo muy difícil! La mayoría de los padres lo hacemos continuamente sin darnos ni siquiera cuenta de ello. Algunos niños nacen con unos talentos y otros con otros, nunca unos son mejores o peores que los demás, simplemente son diferentes. Nunca olvides que cada ser es único e irrepetible.

  7. Intenta dedicar a cada hijo la exclusividad que todos necesitan. Puede ser un paseo por la playa, una vuelta en bicicleta, hacer algo que a él le apasione o simplemente coger un tiempo para hablar de cosas que le interesen. Todo niño necesita sentirse único y a veces, en un hogar con varios niños, esto resulta difícil. Intenta que estos momentos de dedicación exclusiva sean de calidad y de verdadero encuentro. Harán que tu hijo recargue las pilas de la atención y la escucha exclusiva que necesita de tí, no necesitando de esta forma interpretar ningún papel.

 

Comments are closed.