Autorregulación, base de la salud y el equilibrio.

Crianza con apego seguro
septiembre 28, 2018

Autorregulación en la primera infancia. ¿De qué estamos hablando?

La especie humana cuenta con una fuerza interior que le permite poner en marcha los mecanismos necesarios para abastacerse de lo que necesita para crecer de forma saludable, llamado por Wilhelm Reich “Instinto de Vida”.

Se trata de un conjunto de instintos naturales que se van formando durante la vida intrauterina y sirven para una vez fuera del útero materno, asegurar la supervivencia y buscar el máximo desarrollo del potencial de cada uno de nosotros. Estos instintos conducen al bebé humano hacia la regulación del hambre, del sueño y del descanso, de los estímulos visuales necesarios, del contacto corporal, de la necesidad de movimiento, etc. básicamente para sentir placer y seguridad, y propiciar su óptimo desarrollo.

Estos instintos si se han formado de modo adecuado dan lugar a distintas necesidades que siente el bebé. Pero los bebés cuando nacen son totalmente inmaduros y dependientes, por lo que precisan de un adulto sensible para satisfacer todas estas necesidades. El proceso de la autorregulación en la primera infancia, se basa en la confianza por parte del adulto en que el bebé desde el mismo momento en que nace es capaz de sentir lo que él necesita en cada momento para ir creciendo de forma saludable y además es capaz de pedirlo si el adulto no lo abastece como él lo necesita.

En el mejor de los casos, una mujer medianamente sana, que haya vivido un embarazo consciente y lleno de amor hacia su hijo, con un parto saludable y respetado, tendrá su instinto para amar y proteger a su bebé a flor de piel, procurando satisfacer las necesidades del pequeño en cada momento. Del mismo modo, el bebé que haya estado dentro de una madre viva y saludable, habrá crecido dentro de un útero materno cálido y flexible, con la suficiente energía y amor, como para poder pedir una vez fuera, lo que él espera recibir: La satisfacción inmediata de todas sus necesidades, tal y como lo ha experimentado durante su vida intrauterina.

Por lo que el entorno inmediato irá permitiendo o no, la expansión y desarrollo saludable del organismo del bebé a través de la satisfacción inmediata de todas sus necesidades físicas y emocionales. Hará posible o no la autorregulación del bebé.

El bebé o niño pequeño necesita según el momento de desarrollo madurativo en el que se encuentre, un entorno adecuado que procure el respeto y la satisfacción de sus necesidades físicas y emocionales, de tal forma que a través de la vivencia experimentada con placer y seguridad vaya integrando el mundo que le rodea a la vez que se va estableciendo una base sólida para posteriores desarrollos.

Así será la autoregulación en cada fase de desarrollo. Se trata de un proceso natural que parte del propio bebé-niño y que le permite madurar de tal forma que pueda progresar a través de las diferentes fases de desarrollo psicosexual sin tener que frustrarlo desde el exterior. Si desde el exterior hacemos posible la satisfacción de todas las necesidades del niño, nos aseguramos de que se de la autorregulación en él, situándonos en el camino de un desarrollo saludable.

En los procesos de autorregulación es importante comprender la función del llanto. Si las necesidades del bebé no han sido satisfechas, el llanto es el único recurso que tiene para comunicar su insatisfacción. Su instinto le lleva a buscar la satisfacción total de sus necesidades y a llorar si no son satisfechas.

Los bebés y los niños pequeños viven totalmente inmersos en el mundo emocional, aunque éste sea totalmente inmaduro en ellos. No cuentan con ningún recurso para asimilar las experiencias de angustia, miedo o displacer. La emoción que sienten en cada instante es total, es decir, de vida o muerte, no caben matices, racionalización o explicación posible, e inunda todo su ser. Se puede decir que son todo SENSACIÓN y EMOCIÓN.

Si la madre o el cuidador principal no siente las necesidades del bebé, o las siente pero no es capaz de satisfacerlas, el único recurso del que dispone para lograr su objetivo, es el llanto, claro está, si no ha sido reprimida anteriormente esta capacidad innata.

El llanto es pues una reacción saludable del neonato ante cualquier sensación de displacer, pues está destinado a restablecer la salud y el bienestar. Se trata de uno de los mecanismos de supervivencia más importantes durante los primeros dos o tres años de vida, hasta que se instaure el lenguaje. Por lo que es primordial atender al niño de forma compasiva y empática cuando éste llora, no ignorarlo ni quitarle valor a su emoción. Los bebés y niños son seres humanos, y como tales merecen todo el respeto y atención.

 

Si desde el inicio de la vida y durante los primeros años somos capaces de procurar la satisfacción de todas las necesidades del bebé/niño, tendremos la confianza de que está creciendo y desarrollándose de forma saludable. Por supuesto, aún así, tendrá sus dificultades así como sus dones particulares, pero sentiremos en lo más profundo de nosotros mismos que lo hemos acompañado de forma que él siga conectado a su ser esencial, con todo lo que ello conlleva en esta sociedad.